“Yo soy la vid verdadera,y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará;y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará,para que lleve más fruto” (Juan 15:1,2). as cultivado alguna vez una planta? Sea una lenteja en un vasito plástico o un jardín lleno de flores pequeñas, tuviste el gozo de plantar, regar, esperar y vigilar.Y si lo hiciste, debiste haber estado muy confuso -com o yo lo estuve- la primera vez que oíste la parábola del sembrador. Jesús enseñaba junto al Mar de Galilea, como lo hacía a menudo. Al principio, estuvo parado en la orilla, hablando a los que se habían reunido en la ladera frente a él. Pero la multitud aumentó,y cuando la ladera estuvo llena, lo apretaba y lo empujaba a la orilla del agua. Jesús sin duda fue retrocediendo, hasta que sus talones se mojaron. Saltó a uno de los botes,y se sentó allí,pudiendo todavía ver cada rostro en la multitud,y todos podían oírlo todavía. Entonces contó la parábola del sembrador. Un agricultor se fue a sembrar.Y mientras caminaba por su propiedad, esparció semilléis en todas direcciones.

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