La iglesia de Cristo y la ley A lo largo de la historia de este mundo Dios ha tenido siempre, de una forma u otra, un pueblo a quien ha confiado la misión de ser portador de sus mensajes. Dentro de este legado destinado a la humanidad entera la ley divina ocupa un puesto muy relevante. El pueb de Israel fue escogido para llevar a cabo esta tarea durante siglos. La iglesia cristiana se une a esta singular y accidentada carrera de relevos, en medio de una serie intermitente de rupturas y apostasías, reavivamientos y refor­ mas. Uno de los acontecimientos más transcendentales en esta transmisión del testigo tuvo lugar en tiempo de los apóstoles, cuando se produjo la tran­ sición entre el pueblo de Israel y la naciente iglesia de Cristo. El más anti­ guo registro histórico sobre la vida de las primeras comunidades cristianas lo encontramos en el libro de los Hechos, escrito por Lucas, el médico de Pablo, en tomo a los años sesenta. El libro empieza con la orden de Jesús a sus discípulos de que esperen en Jerusalén hasta que el Espíritu les indique el momento de emprender su apostolado. Como testigos privilegiados del Mesías, a ellos les corresponde tomar el relevo y ser los portavoces de la gran revelación: «Pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Sa­ maria y hasta lo último de la tierra» (Hechos 1:8). Durante ese compás de espera, los discípulos se organizan como «iglesia» (del término griego ekklesia, que significa «asamblea de los llamados»), y eligen a Matías para completar el número de los doce «patriarcas» del nuevo Israel (Hechos 1:15-26).

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Libro Complementario Escuela Sabática Segundo trimestre 2014 Cristo y la Ley

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